La curiosidad como motor creativo: cómo recuperarla y entrenarla

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La curiosidad es un poder que todos traemos de fábrica. De chicos, preguntamos “¿por qué?” una y otra vez, hasta que nuestros padres se rinden con una sonrisa cansada. Pero con el tiempo, esa chispa empieza a apagarse: nos desalientan, nos intimida la mirada ajena o nos convencemos de que “ya deberíamos saberlo”.

El problema es que, cuando dejamos de hacer preguntas, también dejamos de abrir puertas a nuevas posibilidades. Y la creatividad se alimenta, justamente, de esas preguntas incómodas, ingenuas o inesperadas que nos empujan a mirar distinto.

Los tipos de curiosidad

El psicólogo británico Daniel Berlyne identificó diferentes formas en que la curiosidad se manifiesta:

  • Específica: el deseo de obtener información puntual.
  • Diversiva: la búsqueda constante de estímulos para escapar del aburrimiento.
  • Perceptual: lo que sentimos frente a lo sorprendente o ambiguo.
  • Epistémica: la auténtica necesidad de adquirir conocimiento profundo.

Más cerca en el tiempo, Ian Leslie en su libro Curioso: el deseo de saber y por qué tu futuro depende de él simplifica esta idea en dos grandes categorías:

  • Curiosidad diversiva: nos abre a lo nuevo, lo desconocido, lo que llama la atención. Es el primer chispazo de interés, aunque puede quedarse en lo superficial.
  • Curiosidad epistémica: va un paso más allá y nos lleva a profundizar, a aprender en detalle, a conectar ideas con objetivos claros.

Podríamos decir que la primera despierta las ideas y la segunda les da forma.

Cómo entrenar y recuperar la curiosidad

La buena noticia es que la curiosidad no se pierde para siempre: se entrena, se recupera y se multiplica. Algunas prácticas sencillas para mantenerla viva son:

  1. Entrenarla. Probar actividades fuera de lo habitual: un reto de dibujo, un taller de escritura, una experiencia creativa nueva.
  2. Recuperarla y retenerla. Mantener la mentalidad de aprendiz, incluso cuando ya dominamos un tema.
  3. Diversificar el ecosistema mental. Leer, mirar, escuchar y experimentar en áreas diversas para enriquecer nuestro “archivo de conexiones”.
  4. Registrar ideas. Capturarlas en un cuaderno o en el celular antes de que se escapen.
  5. Hacer preguntas. Porque las preguntas valen más que las respuestas: abren caminos, desafían certezas y encienden descubrimientos.

La curiosidad como brújula profesional

La curiosidad es mucho más que un impulso: es una brújula profesional. Nos permite explorar caminos, evitar que la rutina nos adormezca y sostener la chispa que enciende ideas y proyectos.

Como escribió Gustave Flaubert: “Cualquier cosa se vuelve interesante si se mira el tiempo suficiente”. Tal vez la clave esté ahí: elegir mirar distinto y sostener la mirada.

En Lado Creativo acompaño a emprendedoras y profesionales creativas a transformar esa curiosidad en claridad y acción: ordenando ideas, mensajes y proyectos para que logren crear con visión, comunicar con confianza y sostener lo que construyen sin perder energía en el camino. Podés conocer más sobre mis sesiones acá.

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¡Hola, soy Lau!

Llevo años en el universo de la comunicación como periodista, consultora estratégica en comunicación y coach creativa.
Acompaño a profesionales con negocios y marcas personales potentes que quieren comunicar desde su verdad.

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